Mis libros de infancia

Si bien dejé la escritura por un buen tiempo, la reemplacé por un tremendo fervor por la lectura. Hay libros que he leído de chiquita que son literalmente inolvidables para mí, Mujercitas es uno de ellos. Era tan excelentemente descriptivo que puedo recordar las escenas de cuando, por ejemplo, las hermanas de la historia tomaban el té, como si tuviera hoy las tazas entre mis manos, los vestidos, los cabellos, ¡qué placer me daba sumergirme en esas historias de vida!; lo leería con gusto otra vez.

Uno de mis primeros libros de cuento fue Cascanueces, donde el protagonista al final se convertía en príncipe. Lo habré leído mil veces. ¿A dónde habrán ido a parar esos libros?

Cuando fuí más grande, aunque muy jovencita todavía, recuerdo que con unos ahorros me compré una pequeña colección de libros muy bien encuadernados de literatura griega. Si bien no comprendí nada de lo poco que leí de esos libros, me permitieron disfrutar de una sensibilidad especial, despertaron en mí interés por ese tipo de lectura que iba más allá de lo material. Largo tiempo de juegos, en el que siendo muy niña, mi propia imaginación fue mi gran aliada y compañera.