Sueños de escritora

Más adelante también empecé a tener sueños de escritora. Escribía muchas cosas para mí y para mi mamá. Me acuerdo que una vez escribí un cuento cortito y se lo llevé inmediatamente para que lo leyera. Lo leyó y vi que se sonrió un poco para adentro y, si bien me había elogiado, yo sabía que había hecho algo mal. Al poco tiempo, pensando sobre aquello, me di cuenta de que el protagonista de mi historia estaba haciendo el servicio militar ¡con solo diez años! Me sentí vulnerable por mi inocencia y, ante la vergüenza, preferí no decir nada más al respecto.

¡Qué maravilla la mente de los niños! Me llena el corazón y el alma escucharlos hablar sin noción del tiempo. Sus pensamientos van y viene en un espacio de eternidad!